Mucho ánimo con esta primavera
Del Turquestán a Belfast pasando por el Fiume o Salamanca
Es curioso porque el último número de La Semanada tuvo muy pocas visitas pero generó mucho feedback. Alguna lectora, por ejemplo, nos anima a seguir la serie montando en diferentes buses, pero me lo tengo que pensar porque no sé si estoy para muchos más contenidos nicho.
Es la ley del creador de contenidos. Yo para confeccionar este de la línea H4 de buses tuve que subirme en uno, recorrer 30 y pico quilómetros para un total de una hora y veinte minutos de paseo mientras grababa imágenes desde la ventanilla, y pensaba cosas graciosas que pudieran estar ocurriendo en el bus y después editaba a toda prisa el vídeo para que el post pudiera salir el lunes pasado.
Bueno, pues ya puedo asegurar sin ambages que cuanto más me curro los posts menos audiencia tienen. Salir a la calle a tomarle el pulso a la realidad, en mi caso al menos, no es sinónimo de buenos números1.
Nos quedamos con el mensaje que nos envía un lector desde el barrio de Usera, el chinatown madrileño2. Este usuario nos recomienda el libro que encabeza la newsletter de hoy en el que, quién sabe, se desvele el secreto de los toldos verdes en la periferia de una ciudad de extrarradio española.
El verde esperanza del desarrollismo español.
He estado investigando y el libro no se encuentra en la xarxa de biblioteques de Barcelona pero haré todo lo posible por hacerme con un original.
“El arquitecto-investigador Pablo Arboleda nos presenta esta realidad imperfecta en clave patrimonial, donde el término 'patrimonio' queda despojado de idealismo para erigirse en un espejo que invita a la sociedad a reconocerse tal como es. Paralelamente, el fotógrafo Kike Carbajal documenta un Madrid que podría ser muchas otras ciudades y desde cuyas entrañas emerge un imaginario común que eleva a la categoría de 'postal' unas estampas extrañamente familiares”.
¿Perronillas o perrunillas?
“David que sàpigues que m'has creat la necessitat de les perrunas del Corte Inglés”, me comenta otro seguidor desde Bluesky en relación a la galleta de moda. Otra usuaria nos comenta desde Móstoles que lo mejor es ponerme en contacto directamente con el fabricante. Entrañable la respuestas de la gente a mi necesidad de perronillas.
Algunos usuarios han decidido pasar de la palabra a la acción y me ha llegado a casa estos días una caja de perronillas, el otro día explicaba cómo debo arrastrarme penosamente hasta el Club Gourmet del Corte Inglés para adquirir esta especie de galletas oriundas de tierras salmantinas. Me las envía un lector VIP como David Sánchez con el que compartí más de tres lustros escribiendo para la web clubbingspain3. En la caja, además de perronillas, he encontrado farinato, que es eso largo que se ve en la foto, en realidad un curioso embutido “elaborado a partir de una mezcla de ingredientes, entre los que se incluyen manteca de cerdo, pimentón, cebolla, ajo, anís, pan y sal”.
Le he preguntado a la IA cuántas perronillas es capaz de comer un humano.
“Considerando que una perrunilla artesanal suele pesar entre 30 y 50 gramos, un comedor profesional podría, teóricamente, superar las 30 o 40 unidades antes de alcanzar un límite crítico, aunque para una persona promedio, comer más de 5 o 6 ya supondría un exceso importante de azúcar y grasas para un solo”.
Tren a Samarcanda
”Estáis viajando en un convoy sanitario de la República Soviética— resonaron en todo el coche las palabras de Bélaya—. Os dirigís a las tierras de Turquestán, donde hay calor y hay pan. Y no estáis aquí por vuestra cara bonita, no. Lo estáis porque el poder soviético se preocupa por cada uno de los niños de este país, incluso por los más acabados, los más díscolos”.
Cosas que tengo entre manos estos días. Voy sólo por la mitad, pero no puedo estar más tiempo sin hablaros de un libro que me tiene en vilo estos últimos días. Llevamos únicamente dos meses de año pero va a ser uno de los descubrimientos novelísticos de este año.
La guionista y novelista tártara Guzel Yájima me lo está haciendo pasar fenomenal con su viaje en ese tren que tiene como objetivo salvar a 500 niños de la guerra civil rusa que apenas han comido nada desde que nacieron. Novela de aventuras clásica con la que atravesamos un Turquestán hecho hecha unos zorros después de una guerra inmensa. Trasfondo social durete por el que destacan personajes muy atractivos como esa tal Bélaya, comisaria por la infancia soviética que pasó la suya en un convento.
Amasijo de chiquillos famélicos por entre los que destacan algunas individualidades como el niño de una sola oreja.
“Pero a la vista estaba que se las veían y deseaban para aguantar las ganas de abalanzarse sobre el enfermero para que los examinara de una vez y correr a los coches del convoy.
—¿Y farlopa?— siguió el de una sola oreja intentando hacerse oír sobre las voces de los demás—. ¡Sin farlopa nos hundimos por la popa! Y con la farlopa… —he hizo una pausa, recorriendo a sus compañeros con la mirada para dar mayor efecto a la broma, como habría hecho un actor experimentado— con farlopa hasta tu parecerías una tía, comisaria”.
Muchos golpes escondidos los de esta escritora que sigue manteniendo la llama en las novelas argumentales. Es didáctica, divertida, hace pensar en los niños, lo tiene todo. Disfrutable para esta semana santa.
Toda la vida es una paciente espera
Llevo unos días preparando un especial sobre la Italia que no es del todo Italia.
En breve sacaremos un post dedicado al Fiume y a Trieste, dos ciudades que atraen por un legado moldeado por muchas capas nacionalistas superpuestas durante el pasado siglo4. En algún momento del siglo pasado, esta fue la frontera de la parte de Europa del Sur que dividía el bloque capitalista del telón de acero.
Marisa Madieri nació en Fiume cuando aún era una ciudad italiana (y no como ahora que es croata y se llama Rijeka). En Verd Aigua ahonda en esos recuerdos infantiles en los que su Fiume natal pasó de de italiana a yugoslava y su sistema escolar le impuso la obligación de estudiar la lengua serbocrata.
“Curiosament, els cinc anys de primària a Fiume només m’han deixat uns records vagues i sovint desagradables. De tercer a cinquè de primària vaig conèixer, a la meva ciutat que ja no era italiana, el sistema escolar iugoslau, que establia, a part de l’obligació d’estudiar la llengua serbocroata, un mestre per matèria”.
Un librito de muy pocas páginas pero muy intenso en vivencias y reflexiones de una mujer madura que ha vivido los embates de la política internacional más enrevesada de la que es capaz el sur de Europa.
“El final de la guerra i l’ocupació iugoslava van representar per a la meva família un primer període de pors, desconfiances, escorcolls. L’Onza, la temuda policia secreta, que només d’esmentar-la ja feia empal·lidir els meus pares, va venir un matí a casa nostra a preguntar de manera peremptòria si teníem armes que haguéssim d’entregar. Mentre la mama no negava, dominada pel pànic, jo, sopresa, , li vaig preguntar, davant dels agents, si no recordava la pistola que el papa havia amagat sota el matalàs”.
Unas jefas
Uno de mis grandes hitos como viajante frustrado es haber pasado un fin de semana en Belfast en el año 2000. La recuerdo como una ciudad terrible y ominosa con todos aquellos murales rindiendo honores a guerrilleros enmascarados (una sensación de ciudad chunga que también tuve cuando aterricé en Dublín con todas aquellas fotos de fetos sangrientos expuestas por los reclamantes antiabortistas).
Desde entonces, pocas noticias de Irlanda, hasta esta semana pasada en la que dimos de bruces con esta brillante serie con pradera irlandesa de fondo. Te podrías pasar toda la vida escuchando las discusiones con marcado acento irlandés de estas tres ángeles de Charlie a las que les persigue un pasado tenebroso. El tema de los traumas infantiles también está muy marcado en esta brillante serie dirigida por Lisa McGee, a la que habrá que recuperar una de estas noches en Derry Girls.
Con música todo entra mejor
Algunas cosas que estoy escuchando en estos días en los que la vida se reparte entre los que esperan la primavera para abrirse a la vida y los que la temen por su explosivo potencial alérgico que este año ya nos avisan va ser serio.
Ahora no recuerdo si os he comentado ya que Captain of None se ha convertido en una de mis selectoras preferidas: “An invitation to immerse yourself in a soothing sea of long-forgotten memories and lucid dream”. Es posible también que os haya recomendado esta sesión para la muy currada emisora Mutant Radio. En todo caso, veo que sigue estando muy solicitada.
“El que no sabe de rumba, no sabe lo que se pierde”.
De Juan Ramos (CockTail d'Amore Music/ESP Institute) también he hablado ya en esta vuestra newsletter amiga. El Dj está de enhorabuena porque estrena estos días la discografía del sello mancuniano Bent Hedonism, en el que lo podemos escuchar muy Danny Tenaglia y muy new york mediados de los 90. Lo celebramos con su reciente recital de música puertorriqueña ideal para empezar la semana.
Acabamos la newsletter en Teherán para escuchar la sesión de la compositora y pianista Ava Rasti desde la crew Deep House Tehran -en el set de abajo se pude escuchar ambient introspectivo y muy emocional- para la plataforma amplificadora de injusticias mundiales, Refuge Worldwide.
Excursiones con las que hemos llegado hasta zonas remotas de la periferia de la línea 3 del metro como Bellvitge. Allá vosotros, yo de geografía sí que estoy aprendiendo. Después algunos van presumiendo de barrio.
Ojalá un día poder trabajar en una Semanada desde ese barrio amenazado por la gentrificación pero de corazón noble y proletario.
Me hace notar Anna que la camiseta de clubbingspain es muy 8-M. Todo son señales.
El Adriático más difuso del que ya hablamos hace unos meses.






Jajaja, qué pena que no te pongas a dar vueltas en autobús y nos hables de Barcelona (jeje, lo entiendo, lo entiendo). El libro de 'Toldo Verde' lo tuve en mis manos este verano, en una librería de barrio madrileña, y a pesar de tenerlo en mi lista lo dejé pasar porque en ese momento no estaba yo para andar con una bolsita todo el día... cachís. El 'Tren a Samarcanda' también lo tengo en mi lista. Si lo puedieses encontrar te recomiendo el libro de Valerai Luiselli, 'Desierto sonoro', en él también se habla -ente otras cosas- de un tren con niños, pero totalmente lo opuesto al tren que estás leyendo ahora: niños de centro-américa que se suben a los tejados de los trenes que van a los E.E.U.U. en busca de posibilidades.
Siempre es un gusto leer tus post.